
Cuando albergados bajos los interludios de la coordialidad y la simpleza de la convivencia, todo se convierte en monotonía y es tan grande ésta que se cae en el vacío de las sonrisas que no significan nada siendo las mismas que una vez lo significaron todo, cuando lo que se teme es lo que debe ocurrir, lo políticamente correcto: palabras de un solo sentido, hechos sin margen de improvisación. Pasado que no volverá para regalarnos una oportunidad.


