Cuando se descubre que el acto más altivo del ser humano es el aprendizaje, capacidad tan mundana que nos eleva tanto y es que comenzamos a envejecer cuando sabemos ya demasiado.
Porque al aprender no se halla un mundo fuera , sino nos hallamos a nosotros mismos; a un yo mucho mayor, más poderoso, más independiente y descubrimos que lo único que nos diferencia es un halo imperceptivo, profundo y único que nos permite crear y compartir una cultura: el instrumento más propio y auténtico, un molde de nuestra alma con la que creamos un mundo con más vida.
sábado, 15 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario