Hubo una vez alguien tan triste que sabía en todo momento lo que debía de hacer, sabía cuándo escuchar, cuándo dormir, a quién regalar y cuándo callar. Pero pronto descubrió lo grises que eran sus días, la tristeza que le embargaba, los minutos que perdía y se fue pudriendo poco a poco, sin pena ni gloria murió y nadie fue a visitar su tumba.
Porque en la vida hay que sentirse vivo siguiendo a menudo la otra dirección, la complicada, la que usa el salmón.
se decía que, después de todo, el mundo no era un páramo. Había descubierto, sin darse cuenta, uno de los principios fundamentales de la conducta humana, a saber: que para que alguien, hombre o muchacho, anhele alguna cosa, sólo es necesario hacerla difícil de conseguir.
Mark Twain
martes, 23 de febrero de 2010
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