Sentado en este viejo sillón, más cerca del suelo que del cielo, la tele lleva días encendida en la misma cadena como un ruido de fondo.
El calor es insoportable, el sudor resbala por mi espalda y no refresca nada en absoluto, siento un fuerte dolor en mi estómago, probablemente se deba a que llevo tres días alimentándome a base de nachos y guacamole o probablemente no.
Decido cerrar los ojos, así no se vive tan mal... ella solo luce como tú quieres que luzca, intenta ponerse el pijama y tú la vistes de traje de fiesta. Anoche una virgen te tentó, su piel era suave y morena, su sonrisa nacarada, tenía un pecho alto y turgente y unas piernas largas, era irresistible, era... despreciable.
Pasan las horas, las nubes se elevan en el cielo de verano y el sol se esconde tras el gigantesco silo, llega la noche y siento que he perdido otro día en mi vida, que no hago nada y envejezco,que en cierto modo ya estoy muerto. Salgo al balcón y miro al cielo: algún día seré una de esas estrellas.
jueves, 9 de julio de 2009
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