
Según la teoría reduccionista del matemático francés Laplace: si un sistema de cómputo tuviese la información sobre la posición, la velocidad y la masa de todas las partículas del universo, usando las leyes de Newton se podría calcular todo el futuro, así como el pasado del universo. Eso implica, entre otras cosas, creer que todo lo que ocurre en el universo es descriptible por las leyes naturales, que lo real son las partículas en movimiento y que lo demás son ilusiones.
Esta afirmación sería del todo cierta, pero un simple factor, prácticamente insignificante en la historia del universo de miles de millones de años de antigüedad cambia totalmente el curso de los acontecimientos, un elemento que con menos de 50000 años de existencia ha conseguido variar el espacio-tiempo de la galaxia y alterar todas las leyes matemáticas aplicables en la vida. Este minúsculo factor, pero de tan gran importancia es el Ser Humano.
Así podríamos calcular teóricamente donde llevará las adaptaciones darwinianas a la biosfera actual o como será la Tierra dentro de otros 2000 años. Pero estos cálculos son tan inútiles estando presentes las personas cuyas pasiones, sentimientos, emociones; cuya vida rompe con todo los esquemas de la historia. Unas pasiones ingobernables, adimensionales y a la vez tan valiosas que no pueden ser pasadas por alto.
Cuenta la historia que un soldado alemán capturado en la II Guerra Mundial por los soviéticos, fue condenado a 40 años de trabajos forzados en una mina de plomo siberiana. Al par de años de cautiverio, el soldado escapo de la mina y se enfrentó a deambular por los desiertos helados durante tres inviernos en Siberia hasta que regresó a su casa. Se comprende así hasta que punto nos controla el deseo y nuestra propia naturaleza por conseguir aquello a lo que tanto amamos, a lo que tanto ansiamos y queremos.
El soldado solo llevó durante su larga travesía diez balas y cada mil pasos pasaba una bala de una mano a la otra.



No hay comentarios:
Publicar un comentario